¿BAJO LA BANDERA?
El texto que tenía escrito para el día de hoy lo publicaré mañana, porque recibí un mail desde Suiza que me hizo cambiar de idea..
Siempre he dicho que los cubanos no somos una raza, somos una plaga, que ha invadido el mundo y que donde quiera que llegamos queremos traernos un pedacito de esa entrañable isla, no queremos adaptarnos al entorno, queremos que el entorno se adapte a nosotros y se vuelva lo más perecido a Cuba que podamos, claro que sin dejar de asimilar lo que a nuestro criterio es bueno del medio que nos rodea. Ejemplo, Miami, la ciudad más cubana del mundo, allí los cubanos impusieron el español, la comida cubana y la salsa que retumba por todas sus calles convirtiéndola en una ciudad alegre y bullanguera, pero con todas las comodidades y el orden que los gringos pueden tener.
Quiero platicar la historia de Alina, para nosotros Alinita porque su mamá se llama Alina y de alguna manera hay que diferenciarlas. Alina (mamá) y yo, tuvimos una relación en el pasado, en ese entonces yo tenía veintitantos y Alina tenía ocho años más que yo, diferencia de edad que a la fecha se mantiene por increíble que parezca, ya ven que la mayoría de las mujeres se van quitando años en la misma proporción que los cumplen pero en este caso no. Alina es una mujer muy segura de sí misma, consciente de su belleza, de su intelecto a quien quiero, respeto y admiro mucho. Su hija Alinita en aquel entonces tenía 13 años.
Alinita fue creciendo y a los 17 se convirtió en un ser perfecto, comenzó a modelar, a hacer pasarela luciendo ropa de diseñadores cubanos, mostrándola con gracia y desenfado. Yo ya había salido de Cuba, cuando Alinita se casó con un muchacho cubano que se dedicaba a organizar tours de buceo para turistas, actividad que le enseñó a su esposa y ambos comenzaron a realizar, eso motivó que conocieran a un empresario que los sacó del país y los llevó a radicar a Malta, unas islas del Mediterráneo, allí comenzaron a realizar la misma actividad y poco tiempo después Alinita, quedó embarazada y tuvo una preciosa niña, Lara, desde el momento de su nacimiento comenzó una fuerte batalla con el Gobierno Maltés que se negó en todo momento a otorgar la nacionalidad a la niña, alegando que era hija de inmigrantes ¿Han oído algo más absurdo?. Por cosas de la vida (esto se dice siempre que no se quieren dar explicaciones) Alinita se divorció, tiempo después conoció a un suizo y se casaron, comenzó otra batalla con el Gobierno Maltés, para que le otorgara un documento que permitiera que la niña pudiera salir del país. Alinita hizo una carta abierta al Primer Ministro de Malta y la difundió por varios medios, entre ellos el correo electrónico, que amigos y familiares nos encargamos de reenviar, mostrando el caso al mundo. Todos los días vemos en las noticias niños que carecen de alimentos, que carecen de salud, que carecen de amor, que carecen de familia, y solicitan dinero, donativos que permitan ayudarlos pero ¿Qué se puede hacer cuando alguien carece de NACIONALIDAD? ¿Adónde pertenece? ¿Cuáles son sus raíces? ¿Qué hacer ante una violación tan abierta a los derechos humanos?
En el 2000, Alinita obtuvo un documento para poder llevar a su hija a Suiza, dos semanas después ya tenía pasaporte suizo. Así son los países desarrollados y organizados. Tiempo después nació Noé, un hermanito para Lara y ahora que toda la familia pretende ir de vacaciones a Malta, para mostrar a Lara el lugar donde ella nació, el Gobierno Maltés deniega su visa. Aparentemente una niña de seis años puede ser peligrosa para soberanía nacional.
Muchos pensarán que Alinita está loca por querer llevar a su hija a un país que ni siquiera la quiso reconocer como nacida en su suelo. Pero así somos los cubanos, luchamos contra las injusticias y nos empecinamos en convertir lo imposible en posible.





