DEFORMACIÓN PROFESIONAL.
El sábado fuimos a Plaza Universidad, al llegar encontramos un grupo numeroso de hombres alrededor de una pasarela.
-¿Qué habrá allí?.-Preguntó Rodrigo.
-Una pasarela de ropa de hombre, porque hay puros hombres mirando.-Contestó Lorna.
-Mira que eres inocente.-Le dije.-Si hay tantos hombres, es que el desfile va ser de mujeres en ropa interior.
Efectivamente era un desfile de Playtex, las modelos evidentemente extranjeras y evidentemente operadas lucían un busto que nos tenían a todos con la boca abierta, y no precisamente de asombro. Una rubia de aspecto nórdico estaba particularmente inflada.
-Esa debe ser talla 38.-Me dijo Rodrigo, creo que influido por los programas de chismes de la farándula.
-34 D.-Le contesto.-El número no indica el tamaño sino el diámetro del pecho y la letra es la que indica el tamaño. Esa niña está muy flaca para ser más de 34.
-¡Y tú como sabes?.- Me preguntó Lorna poniendo ojos de pistola.
Entonces recordé una etapa triste de mi vida. Cuando tenía 14 años mi padre que hasta ese momento había tenido magníficos puestos dentro del gobierno cubano, cayó en desgracia, simplemente le molestó a alguien y decidieron eliminarlo del panorama político.
Él era el director de turismo de una región de Cuba, eso nos permitía privilegios que los demás no podían ni siquiera soñar. En un país donde escaseaba el alimento, la bebida y la ropa, en casa teníamos de todo. En nuestro refri no faltaban las cubetas de helado, ni el jamón, en la casa siempre había buenas bebidas y refrescos. Como en la región a cargo de mi padre existían unos cayos (pequeñas islas) que en aquel entonces se estudiaba comenzar a explotar turísticamente, a veces teníamos acceso a playas vírgenes de increíble belleza, a conocer fauna y flora impresionante, a pescar en lugares privados y a cazar cerdos jíbaros.
Mis amigos iban a mi casa con frecuencia a matar el hambre vieja y saciar antojos.
Mi mamá no trabajaba, tenía personal que la ayudaba en las tareas de la casa y a mi abuela materna que se pasaba el día adivinando los deseos de su única hija.
Un día nos comunicaron que mi papá estaba detenido. Para mi mamá el golpe fue muy duro, cayó en crisis y no sabía qué hacer, ella es hija única y mi padre sólo tiene dos hermanas que ya desde entonces se habían salido del país, no había pariente que pudieran ayudarnos.
Tuvimos que enfrentarnos a muchas cosas, desde la humillación pública, la falta de alimento, que hasta ese momento nos dimos cuenta de que existía, la falta de transporte, de dinero y de todo lo imaginable.
Yo como hijo mayor tuve que asumir el papel de jefe de familia y acompañaba a mi mamá a los diversos trámites en juzgados. La farsa, allí denominada juicio, se llevó a cabo sin que nos avisaran a nosotros como familia, con un “abogado” de oficio pues nunca permitieron que pagáramos uno. A mi padre lo condenaron a cinco años de privación de libertad, por intento de salida clandestina del país, la única testimonial en su contra fue la declaración de un mecánico de su carro que dijo que mi padre había bromeado respecto a que uno de los neumáticos del coche estaba en tan mal estado que no servía ni para fabricar una balsa e irse del país. Así son las cosas en Cuba.
La realidad nos alcanzó a todos ¿De qué íbamos a vivir?. Mi madre siempre fue muy hábil para el diseño y la confección de ropa. En ese momento en Cuba los ajustadores (brasiers, sostenes) estaban imposibles de conseguir, además comparados con cualquier otra prenda llevaban poca tela.
Mi madre realizó patrones de las diferentes tallas, tomó unas sábanas y fabricó los primeros. ¡Se vendieron en un día! Entonces, igual que Scarlet O’Hara la protagonista de “Lo que el Viento se Llevó” echó mano a las cortinas, las sábanas, la ropa que ya no usaba y hasta del celosamente guardado traje de novia se sacaron aplicaciones y encajes para decorar los brasiers.
Mi hermano más pequeño y yo nos dedicamos en un principio a entregar los pedidos y traer el dinero a la casa. La demanda aumentó, yo ayudaba a cortar la tela guiándome con los patrones, otras veces remataba las pequeñas piezas de tela que componen un brasier, o ponía el relleno que ayudaba a levantar las hermanas caídas, etc.
Paralelo a esto comenzó otro aprendizaje, al llegar a las casas de algunas clientas, estas insistían en que yo valorara que tal les quedaba el brasier y mostraban ufanas su senos erguidos y bien puestos, gracias a los famosos brasiers que fabricábamos en casa. Creo recordar que alguna que otra vez me instaron a tocar y lo hice pero las cosas no pasaron de una calentura adolescente.
De estas experiencias, me quedó la deformación profesional de que lo primero que le miro a una mujer son sus senos y en automático trato de adivinar su talla. Y créanme casi siempre acierto.
El tiempo pasa
-Papá ¿Puedo ir a ver a
El domingo me tuve que parar a las seis de la mañana, tenía una cruda (resaca) espantosa. A mi me tocó coordinar por mi dependencia lo del
Mi cuñada es educadora en una guardería de las del gobierno (Para los lectores no mexicanos, es un lugar donde cuidan a niños muy pequeños, hasta 5 años, mientras sus mamás trabajan). Esa guardería está ubicada en una zona humilde del estado de México, colindante al D.F., zona conurbada como se le llama por acá, ella siempre nos platica de las condiciones en que viven los niños que allí asisten, que muchas veces pasan necesidades en sus casas y de alguna manera hacemos colectas en la familia para comprarles regalitos por el día del niño, les mandamos los libros de cuentos usados, etc.
Tengo por regla no ir a comer con contratistas o proveedores pero créanme que algunos son tan insistentes que por tal de quitármelos de encima acepto la comida, en esos casos voy acompañado por parte de mi tropa para que no haya lugar a malas interpretaciones y para tener testigos de lo que dije y de lo que escuché. Cuando eso ocurre, elijo un buen restaurante, para que le duela la bolsa al que invita y deje de estar molestando.
Hablando de otro tema, Renata, mi hija llevaba más de 15 días nerviosa, no podía dormir bien, el motivo tenía examen de ballet.
Según, mi mujer, Renata salió a escena feliz, segura de si misma y con mucha gracia. Cosa que las fotos demuestran. Los resultados fueron muy buenos.





