
A veces me pongo a pensar si los pocos minutos de fama, los pocos minutos de sentirse dueña del escenario y los aplausos al concluir un acto de una bailarina clásica, valen toda una vida de esfuerzos, los años de preparación, el costo en tiempo y dinero de la misma, el costo del vestuario, calzado especial, transporte y a veces hasta del mismo escenario.

Esta reflexión la hicimos después de la clase abierta de Renata, mi hija. La clase se llevó a cabo en el Casino español de la Ciudad de México, edificio que con su elegante arquitectura y sus 140 años de edad sirvieron de un marco perfecto y elegante para que las alumnas de diferentes niveles y edades demostraran sus habilidades, defectos y virtudes antes sus padres, familiares y amigos, que llenaron el espacio, portando sus mejores galas y jugando malabares entre la cámara fotográfica, la de video y en habitual ramo de flores con que se premia a las bailarinas al terminar la función.
La clase incluía dos rutinas de baile, un baile regional y un concierto de castañuelas y unas demostraciones que realizaron las alumnas más aventajadas. Renata bailó bien, a secas, aunque realizó sus rutinas de punta. Además se veía gorda, aunque tenga un peso normal para la vida diaria.

Al terminar la clase abierta, la maestra otorgó varios premios y reconocimientos, no sin antes advertir que estos serían entregados a las alumnas realmente destacadas, aquellas que amaban el ballet y que no conocían descanso. Renata no recibió premio alguno. Nosotros le llevamos flores y un muñeco de peluche pero se notaba que ella estaba enojada.
Al llegar a la casa estalló. Ella consideraba que la maestra había sido injusta, porque ella le había echado muchas ganas. La maestra tenía a sus consentidas, etc. Cuando terminó su sesión de quejas, la invitamos a ver el video de la clase.
-Estabas desconcentrada, Renata, tu cabeza andaba como ventilador girando hacia todas partes, no estabas sintiendo lo que hacías.-Le expliqué.
-Además me veo gorda.-Replicó ella.
-También es cierto y de eso hemos hablado muchas veces. La base fundamental para todo en la vida es la disciplina, hasta el simple basurero que todas las mañanas barre la calle y que según los cálculos de tu hermano gana más que tu papá, tiene que tener la disciplina de levantarse temprano, barrer bien las calles, recoger y separar la basura y al final del día cuando ya le duelen los pies de tanto caminar tiene que lavar su carrito para que al día siguiente esté en buenas condiciones y comenzar de nuevo. De la misma forma si hubieras querido recibir un premio, tendrías que haber asistido puntualmente a clases y ensayos, concentrarte en el trabajo, ensayar en casa, cosa que nunca te vimos hacer, comer lo necesario y no atragantarte de cuanto hay, etc.-Le explicó Lorna.
-Yo no quiero ser bailarina profesional, si voy a las clases es para pasar el tiempo.-Dijo Renata.
-Creo que llegó el momento de tomar una decisión: ¿Seguir o no seguir tomando clases de ballet?.-Precisé.
-Es que a mi me gusta el ballet y estoy tomando clases desde los tres años ¿Voy a echar a la basura el trabajo de siete años?.-Preguntó Renata.
-No lo echas a la basura, aprendiste muchas cosas además de bailar ballet, aprendiste de historia, de diferentes culturas, de música clásica, a ver y valorar el trabajo de las bailarinas, a entender una puesta en escena, el lenguaje de los gestos, la importancia de la escenografía y las luces..-Le expliqué.-Además creo que es mejor ahorita que no dentro de 7 años más. ¿Sigues o no sigues tomando clases?
-No, no sigo.-Respondió Renata bajando la cabeza.-¿Y que otra cosa puedo hacer?
-Natación, karate, danza regional, baseball, entrar a la escuela de
Tongolele, cualquier deporte o actividad.-Le dije.-Tienes todas las posibilidades. Piénsalo y enero te buscamos otra actividad ¡Ahora prácticamente están de vacaciones!