“BAÑO CULTURAL”
Mi cuñada que es antropófaga, perdón quise decir antropóloga y mi concuño que es circólogo ¿O será psicólogo? Forman una pareja muy especial, reticente a la tecnología, los teléfonos y las computadoras, en cambio aman los conciertos, la literatura y las culturas populares.
A su hija mayor la tuvieron en ballet, le pusieron un profesor de piano y la mantuvieron alejada de la televisión. Un día, ya en la secundaria, la chica llegó llorando a la casa porque sus compañeras le habían puesto “La Antigua”. Ahora “La Antigua” estudia en la universidad matemáticas aplicadas y computación, cambió el ballet por clases de bailes árabes y ejecuta la “danza del vientre” con singular maestría.
El caso es que mi cuñada y su esposo en su afán de darse un “baño de cultura popular” se fueron un sábado al centro de la ciudad de México, a tomarse unas cervezas en un lugar llamado “Salón Corona”, en su proletaria excursión arrastraron a Ernesto, su hijo menor que tiene 15 años, es morenito y un poco fachoso, también invitaron otro de nuestros sobrinos, a Gerardo, que tiene 17 años, unos rizos rubios que serían la envidia de David Bisbal, ojos verdes, viste ropa de marca y vive en la Anzures.
Ambos jovencitos se separaron de los adultos con el pretexto de ir a una tienda de instrumentos musicales que esta muy cerca del “Corona”, en la tienda estuvieron preguntando por precios de diferentes guitarras eléctricas y demás complementos de las mismas. Al salir se les acercó un joven con un volante de otra tienda de instrumentos musicales y les dijo:
-Si andan buscando guitarras, vengan conmigo, la tienda está a la vuelta, tenemos mejores marcas y más baratas.
Los dos tontos se fueron con el aparente vendedor que media cuadra más adelante los empujó dentro de una vecindad donde había cuatro hombres más.
-Denme el dinero de la guitarra.- amenazó el “vendedor” poniendole un cuchillo en el cuello a Gerardo.
-No traemos dinero, nada más estábamos preguntando precios.-Fue la respuesta de Ernesto.
-¿Qué no traen dinero?-Preguntó el “vendedor”.
-No.-Contestó Ernesto volteándose los bolsillos.- Mis papás nos están esperando en el “Corona”.
-¿Tus papás?¡Qué! ¿Y donde viven?
Dice Ernesto que él sintió que aquello se estaba poniendo color de hormiga y aparte que Gerardo estaba a punto de desmayarse, que estaba pálido y que ni se movía porque tenía el cuchillo en la garganta.
-Vivimos en la “Providencia” de Azcapotzalco.
-¿En la “Providencia”? No, la gente de ahí es brava.-Dijo el”vendedor”.-Pero... ¿Y el güero(rubio)?
-¡Es mi primo! ¡También vive ahí! ¡Él es el hijo de la güera de las quesadillas!.-Repuso Ernesto. (En casi todas las colonias hay una güera que vende quesadillas aunque la tal güera a veces no sea rubia)
-¡Pero trae una playera Von Dutch! ¡Y esas son caras!- Dijo el “vendedor” quitando el cuchillo del cuello de Gerardo, quien después de tomar unas bocanadas de aire susurró:
-La playera es pirata.
-¡Hijos de la chingada!¡Váyanse de aquí! ¡Pero ni miren para atrás porque le vamos a partir la madre a ustedes y a tus papás también!- Amenazó el “vendedor”
Los chamacos se fueron como el perro que tumbó la lata. Dicen que la distancia se les hacía largísima, y los pasos cortos para llegar al “Corona”. Mi cuñada y su marido, al saber la historia dieron por terminado su “baño de culturas populares” y regresaron a su casita donde imagino debieron lamentar no tener un reproductor de DVD para terminar la tarde de manera segura, viendo alguna película.






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