
Me levanté muy temprano como es mi costumbre, ordené toda la ropa en el closet, me puse mi traje de baño y salí a caminar, la playa al amanecer estaba hermosa, la arena tiene una tonalidad ligeramente rosa, una barrera de piedras y corales a menos de 15 metros de la orilla sirve de rompeolas y hace que el mar esté quieto y transparente. No pude resistir la tentación y me metí a nadar en esas aguas tranquilas y tibias.
Regresé a la habitación y tomé una ducha, me vestí ya las ocho en punto estaba en la cafetería con la funcionaria de Relaciones Exteriores, desayunamos ligero. Ella me explicó que se iba ese día a otra de las islas porque estaba realizando unas evaluaciones a estudiantes caribeños que vendrán a hacer estudios universitarios en México.
-La gente de aquí es muy difícil, no definen nada, no saben que quieren. La información que tú solicitaste antes de venir no la quisieron dar, siempre pusieron excusas y creo que te va a tocar la misión de investigar todo.- Me advirtió.
A las nueve ella se fue a ver sus asuntos y a mi me habían dejado un recado de que alguien pasaría por mí a las 9:45 porque teníamos junta a las diez de la mañana. El chofer que enviaron también era dominicano, no hablaba muy bien el español, porque dice que vivía en la isla desde pequeño, por lo que parte de la conversación fue en inglés. Nos estacionamos frente a ”Pelican Mall”, había leído en Internet que era el mall más importante del lugar pero resultó ser una nave de ocho tienditas, en la parte posterior una escalera de madera me llevó a las oficinas del Ministerio de Seguridad Nacional, allí me indicaron que la reunión se iba a llevar a cabo en una sala de la planta baja. La sala en cuestión era modesta, de forma rectangular, con una mesa larga y unas diez personas sentadas alrededor de ella. Me presenté y cada uno de ellos me fue diciendo su nombre y puesto. Allí estaba el jefe de la policía del país, negrísimo, alto, delgado, de ojos verdes, con voz recia y calmada me dio la bienvenida y me dijo que explicara a que había ido. Solté toda la cantaleta de que los había ido a ayudar a realizar un proyecto para estaciones de policía, les expliqué la experiencia en el país y les mostré una presentación en power point que les interesó mucho, se asombraron del tamaño de las edificaciones y que en las mismas hubiera un médico, dentista, psicólogo y hasta peluquero.
Al terminar la presentación un ingeniero del departamento de Obras Públicas, me dijo que ya ellos tenían un proyecto y que difería mucho del de nosotros porque ellos tenían necesidades mucho menores, pero que en concreto la solicitud de ellos era de que el Gobierno de México les diera el recurso para ellos hacer la estación. Una funcionaria de relaciones exteriores del país, me comentó con un tono bastante molesto que ella en persona le había explicado, a la embajadora de México en el Caribe, cuales eran sus pretensiones.
Con toda la calma del mundo pregunté si alguno de los presentes sabía hablar español, uno de los arquitectos me dijo que él sabía, entonces le dije que me hiciera el favor de traducir esto porque quería que les quedara bien claro: A mi no me habían enviado a eso, definitivamente no podía definir si se les iba a poder ayudar de esa forma o no.
En ese momento se armó un tremendo revuelo en toda la sala, todos hablaban a la vez y yo trataba de entenderlos pero aquello era una verdadera cena de negros y no estoy hablando en sentido figurado ¡No! Yo me sentí angustiado, no los entendía, creí escuchar que la funcionaria de Relaciones Exteriores de St. Kitts decía que a mi me habían enviado de vacaciones que de ser así ella necesitaba más vacaciones que yo, me estaba poniendo nervioso, estaba confundido, sudando en medio de aquel aire acondicionado tan frío y de pronto exclamé:
-¡I’m caribbean too!.
Se hizo un silencio de muerte, el Jefe de la Policía me miró serio y me hizo un gesto invitando a que me explicara. Me lancé a explicar el frívolo tema de mi origen cubano y por ende caribeño y como había ido a parar a México hace 14 años. El arquitecto que sabía español, resultó haber estudiado en Cuba y para demostrar que el mundo es pequeño o que Dios es grande, había estudiado en la misma Universidad que yo.


La tensión bajó, todos estaban encantados y la misma señora que había dicho que yo había venido de vacaciones ahora me preguntó:
-¿Cómo puedes ayudarnos?
¡Ya tenía nuevamente el control! Pedí copia de los planos que tenían y visitar los lugares donde se iban a construir las estaciones. Después de quince minutos de hablar tonterías ya teníamos un coche disponible, en otros quince minutos estábamos en el primer sitio, un lugar llamado Tabernacle, eso me sonaba a borrachera pero no, recorrimos el lugar, tomé fotos, al lado estaban construyendo otro edificio por lo que pude observar su método de construcción (bastante precario), observé el tipo de suelo en las excavaciones y hablé con los albañiles. ¡Un edificio que en México se hace en tres meses, allá se tardan ocho!.

Salimos al otro sitio que estaba como a otros quince minutos de distancia, exactamente en el otro extremo de la isla, llegamos al lugar y resultó que están construyendo algo que a me pareció una parada de autobuses pero resultó ser un cajero automático de esos que desde el coche puedes retirar el dinero. Gran rollo todos llamando por sus celulares y hablando quien sabe con quienes, el caso es que después de veinte minutos y más de treinta llamadas alguien dijo que no era el lugar correcto y entonces me llevaron a un sembradío de caña de azúcar frente a una escuela primaria y me dijeron que ese era el lugar.

El lugar estaba en la base de un volcán extinto y la vista era hermosa, me explicaron que necesitaban una estación de policía allí porque iban a construir condominios dedicados al turismo y debían brindarles protección.
Me preguntaron si quería quedarme en el hotel pero les contesté que prefería adelantar lo más posible en el trabajo, ellos me dijeron que me relajara y disfrutara mi estancia que al día siguiente me llamarían para concertar una nueva reunión. Invité a comer al Jefe de la Policía y fuimos a un pequeño restaurante del centro, la comida muy rica y bastante barata, para los precios locales, al terminar de comer le dije que prefería quedarme en la ciudad para recorrerla y visitar los lugares de interés.

Basseterre, es un pueblo de 15 cuadras escasas para cada lado, el famoso circus que es en realidad el downtown es un circulo alrededor de un antiguo reloj verde, allí se sitúan algunas tiendas duty free, que tienen perfumes, bebidas y relojes como todas las del mismo estilo que hay en todos los aeropuertos. Los malls ya habían cerrado porque eran más de las cuatro de la tarde y allí a esa hora terminan de laborar. Las tiendas de recuerditos sólo tenían llaveros y cosas por el estilo, hechos en china, con los mismos dibujos que los que encuentra uno en las playas de México pero dicen St. Kitts.
Alli en el circus se toman los taxis y al acercarme una negra como de cincuenta y tantos años, me preguntó que si quería que me llevara al Marriot.
-¿Como sabe que voy al Marriot?
-Está bien vestido, Señor.
Subí a su taxi y después de la charla habitual de un taxista, con temas como que de donde vengo etc. Le dije:
-Debe ser duro para una mujer ser taxista.
-No, aquí no.- Fue su respuesta.- Las distancias son cortas y yo hago tiempo entre mis viajes para atender a mi familia. Mi esposo es profesor de secundaria y yo le dedico mucho tiempo, siempre le he dedicado mucho tiempo, tanto es así que tenemos siete hijos.
-¿Entonces no ve televisión?.-Le dije tratando de bromear un poco.
-No. La televisión es el mayor problema que tenemos aquí, los jóvenes imitan lo ven en la tele y eso es malo, ellos quieren vivir como se vive en otros países y aquí tenemos un paraíso. No tenemos preocupaciones, las distancias son cortas y tenemos tiempo para la familia. La familia es lo más importante que un ser humano puede tener.
Me quedé pensando cuanta razón salía por la boca de aquella mujer y se hizo un silencio momentáneo.
-Lo noto tenso.
-He tenido un día pesado.-Le respondí.
-Háblale al señor.- Me aconsejó.
-¿En español o en inglés?.-Bromee .
-Hazlo con el corazón, el idioma no es importante.
Seguí su consejo mientras disfrutaba del jacuzzi al lado de la alberca, tomándome una “Carib” que es una cerveza local, le pregunté si el paraíso podía diferir mucho de lo que yo podía disfrutar en ese momento, como ya conocía la respuesta no esperé a que me contestara y le pedí que me echara la mano. Creo que me escuchó y que me tendió su mano.