PACTO DE SANGRE.
A las seis de la mañana Lorna me despierta con un beso y una taza de aromático café cubano. Ella me lo lleva a la cama. ¡Adoro a las mujeres mexicanas! ¡Son muy consentidoras! (Bueno por lo menos la que me tocó a mí). Para compensar de alguna manera sus atenciones conmigo, yo realizo la desagradable labor de bajar la basura de los baños, tomo la bolsa llena, la cierro y coloco una bolsa nueva en el bote. Hoy no fue la excepción, al recoger la bolsa del baño de los niños me percaté de que había una toalla sanitaria cuidadosamente envuelta.
Hace poco encontramos una toalla sanitaria en la recámara de Rodrigo, pero esta estaba autografiada, en ella se podía leer:
Para Rodrigo, un recuerdito de mi osito peludito. Martha y Anita.
Al cuestionar a Rodrigo al respecto, nos dijo que al finalizar el curso escolar todos los compañeros de clases intercambiaron objetos personales, se juraron amistad eterna y no olvidarse aunque el próximo curso estuvieran en diferentes salones. ¡No quiero imaginar qué regalaría Rodrigo!
Pero volviendo a la toalla que estaba en el bote del baño, por lo que se podía ver a simple vista y a considerable e higiénica distancia, no se trataba de “un regalo”. Lorna no está con la menstruación entonces...¡Tiene que ser de Renata! Un sentimiento de orgullo me invadió, mi niña de 11 años y medio se acaba de convertir en una señorita. ¡Es increíble cómo crecen!
Bajé a tirar la basura con una sonrisa de oreja a oreja. Al poco rato, durante el desayuno, pensé que era el momento adecuado para felicitarla por esa nueva etapa de vida y le pregunto, con voz muy bajita, a Renata:
-¿Caíste con la menstruación?
Renata estalló:
-¡Mamá! ¡Te dije que no le dijeras a nadie!¡Ya fuiste de chismosa con mi papá! ¡Jamás te vuelvo a confiar algo!
-¿Qué?-Preguntó Lorna sorprendida pues no sabía que estaba pasando.
-¡Ya le dijiste a mi papá, que tuve la menstruación! –Replicó Renata.
-Yo no he dicho nada.-Se defendió Lorna.
-¿Qué tuviste la menstruación? ¡Estas de sangrona! ¡Estas de sangrona!-Se burló Rodrigo.
-¿Ves? ¡Por eso no quería que supieran!-Dijo Renata poniéndose de pie y retirándose de la mesa.
-¡Renata! ¡Espera un momento! ¡Tu mamá no me dijo nada!-Le dije- Vi el kotex en el bote de la basura.
-¿En el bote de mi baño? ¡Que asco! ¡Ahí no vuelvo a entrar! -Repuso Rodrigo.
-¡Ya cállate Rodrigo! ¡Renata vuelve a acá! ¡Hablemos con calma! –Propuse.
-¿Con calma? ¡Ya hicieron un circo de un asunto muy íntimo! –Repuso Renata llorando.-¡Yo no quería que nadie supiera!
-¡Uy sí, muy intimo! Se burló Rodrigo.
- ¡Rodrigo, que te calles!¡Espérame tantito! ¡La que armó el circo fuiste tú! Yo sólo quería felicitarte y por eso te lo pregunté muy bajito, pero enseguida comenzaste a agredir a tu mamá.
-¡Sí! ¡Yo soy la culpable de todo!.-Dijo Lorna poniendo cara de mártir.- ¡Tus hijos no me respetan!
-¡Son tus hijos también! ¡Ya bájale! ¡Que esto no es una telenovela!-Exclamé.- Hagamos un pacto, nadie le dice nada a nadie, Renata decidirá a quien decirle.
-¡Uy sí, un pacto de sangre!.-Volvió Rodrigo a la carga.
-¡Te dije que te callaras!-Le dije al tiempo que le daba una palmada en el hombro.- ¡Vamos que se nos hace tarde!
Ya en el coche, camino a la escuela, me pregunta Renata:
-Papá... ¿Cuando se quita “esto”?
-En tres o cuatro días.-Respondo.
-¡No! ¿Cuando se quita definitivamente? ¿Cuando tendré la menopausia?
-¡Uff! ¡No tienes ni un día y ya quieres que se te quite! Pues cuando tengas más de cincuenta años.-Le digo.- ¡Así que te falta bastante!












