GONZALO.
Gonzalo es un chico que comenzó este año a jugar en la liga de baseball en la que juega mi hijo, incluso en la misma categoría (13 a 14 años), está alto para su edad, es un poco gordito lo que indica que le falta aún crecer y desarrollarse, transformar el cuerpo de niño en cuerpo de hombre.
No obstante a ser su primera temporada es un buen jugador, batea bastante bien y ha conectado algunos home runs, es disciplinado, acepta sin enojarse los regaños del entrenador a diferencia de otros chicos que hacen el berrinche del siglo y arrojan los cascos lejos de ellos.
Es modesto, un poco retraído, muy educado, siempre saluda a todos y participa en las bromas que se gastan entre jugadores. La tarde en que finalizó la temporada, él fue quien más disfrutó de las revolcadas en el pasto, la serpentina en spray y la espuma que se lanzaban todos.
Siempre viene sólo, bueno, lo trae un chofer o un pariente, no sé que será, porque se nota que entre ellos existe camaradería. Sus padres nunca han estado en un partido echando porras y gritando como estamos los demás. Su mamá falleció hace unos años y su papá es una persona muy ocupada.
Tal vez por todo lo anterior nos dio mucho gusto cuando le dieron el reconocimiento como mejor novato de la temporada en su categoría. Todos nos alegramos por el “Pejejito” así lo apodamos porque su papá le dicen el Peje.
Yo le doy un peso fundamental a la familia como célula de la sociedad. Si un político, en este caso Andrés Manuel López Obrador, a pesar de sus ocupaciones, del poco tiempo y sin contar con la ayuda esencial de una esposa, ha podido educar (Y no hablo de pagar una escuela, sino de la educación de casa) a su hijo de esa manera, que dista mucho de la de los hijos de otros políticos que son unos patanes, quieren ser modelos y salir en la revista “Caras”, creo que puede hacer algo bueno por México porque las buenas obras siempre empiezan en la casa.






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