LOS HIJOS CRECEN
Ya comenzaron las noches de fiestas, los fines de semana me toca estar de guardia y hacer las veces de taxista, la otra noche me habló :
-¡Papá, ven a buscarme!
-¿Por qué si apenas son las once y media?
-Es que rompimos una botella y la señora de la casa se puso como loca, bueno se puso tan loca como se pone mi mamá.
-¿Cómo se pone tu mamá? ¡Voy, porque es una emergencia!
Lo encontré con todos sus amigos fuera de la casa y la situación no pasó a mayores.
Renata en cambio es toda una “Barbie girl”, para salir de casa necesita media hora de probarse ropa y colgarse unos aretes que parecen aros de perico.
-¿Qué quieres? ¡Así soy! .-Responde ante los gritos que damos para que se apure.
El sábado paseábamos por un centro comercial cuando se acercó a nosotros un chavo tipo nerd, de esos que tienen lentes gruesos y fierros en los dientes y le dijo a Renata:
-Tenía el presentimiento de que nos íbamos a encontrar.
¿Qué?!!!! ¡Que le pasa a este chamaco! Pensé.
Renata lo saludó con un beso en la mejilla y el chavo nos presentó a sus padres que acompañaban, el papá le echo una mirada a Renata y en su cara se dibujó una sonrisa de satisfacción y orgullo seguramente pensó: ¡Mi hijo tiene buen gusto!, la mamá en cambio le echó una ojeada, sonrió y se volteó a mirar las mercancías, seguro pensó ¡Esta chavita va a hacer sufrir mucho a mi hijo! ¡Es superficial y coqueta!
En cambio Lorna miró al chamaco como si fuera un bicho raro sacado de un museo ¡Está muy feo para mi hija!. Yo, pasada la primera impresión, pensé que después de todo el chico parecía inofensivo y que era mejor un nerd que un chico banda.
Nos despedimos con una amplia sonrisa y la frase convencional de ¡Mucho gusto! ¡Los humanos podemos ser tan hipócritas!
-Es sólo un amigo.-Aclaró Renata.-Además cuando termine el curso se va a vivir a Mérida, Yucatán.
-¡Qué bueno!-Dijo Lorna.- Allí nadie se va a fijar que el chamaco tiene a cabeza grande.
No cabe duda que las mujeres pueden ser muy sarcásticas.






